Nosotros somos
Volcanes reflejados
Tras la ventana.
(de Bert)
Sin sol, sin agua,
El monte nunca cambia
Del ocre al verde.
(de Luelir)
Cielo y tierra
Se unen a lo lejos:
Todo es calma.
(de Roberto J. Bulacio)
Al escondite
Juega la hierba verde
Cuando envejece.
(de Espliego)
Cangrejo, amigo,
También yo quisiera
Desandar los caminos.
(de Ana Rosa Núñez)
Los pies de lluvia
Nos devuelven el frío
De la desdicha.
(de Mario Benedetti)
Caracol:
La mínima cinta métrica
Con que mide el campo Dios.
(de Jorge Carrera Andrade)
¿Qué corazón tan avaro
cuenta el metal
de los instantes?
(de Xavier Villaurutia)
La gota de agua;
Cayendo, cayendo,
Se sueña Niágara.
(de Jose María González de Mendoza)
El otoño de mi cuerpo:
Un revoltijo áspero
Como la piel de una calabaza.
(de Ra-In)
Una hoja se va, y
Ahora se suma
Al viento.
(de Ransetsu)
Esta última noche de todas
Un trébol musita:
“Buda, Buda...”
(de Ranseki)
Has cumplido con tu deber,
Hasta hoy,
Viejoespantapájaros.
(de Raishi)
En los campos donde
Anoche nevó,
Fragancia de ciruelo.
(de Okano Kin’emon Kamehide)
Hielo en un mundo cálido:
Mi vida
Se funde.
(de Nakamichi)
Caed, pétalos del ciruelo,
Caed. Y dejad el recuerdo
Del aroma.
(de Minteisengan)
Ahora que un incendio
Ha destruido mi almacén,
Nada oculta a la luna.
(de Masahide)
Si contemplas las aguas
Al alba, oirás
Florecer al loto.
(de Kyokusai)
Desecho el pincel.
De aquí en adelante le hablaré a la luna
Cara a cara.
(de Koha)
Qué despacio se abren
Este año los capullos del cerezo
Sin que su destino los apremie.
(de Kin’u)
Las flores otoñales
De mi plegaria contienen
Semillas del paraíso.
(de Kin’ei)
Lo que florece,
Cae: es el camino que sigue toda carne
En este mundo de flores.
(de Kiko)
A golpes de guadaña
Por la hierba llena de rocío
Emprendo el camino.
(de Kifu)
Mi viejo cuerpo:
Una gota de rocío que ha crecido
En la punta de una hoja.
(de Kiba)
El verano
Descansa sobre mí:
Hoja de loto.
(de Kassan)
Qué triste: las flores del cerezo
Se vuelven nubes
Que vienen a saludarme.
(de Kari)
Así es, ciertamente.
Y nunca había reparado
En el rocío que cubría la hierba.
(de Kangyu)
Escalofrío:
Mi alma se transforma
En icono.
(de Kanga)
Cerezas en flor de la tarde:
Me guardo la pastilla de tinta en el quimono,
Por última vez.
(de Kaisho)
Alrededor de una llama
Dos mariposas tigres
Compiten hasta morir.
(de Kaikai)
Una noche corta
Me despierta de un sueño
Que parecía largo.
(de Yaohiko)
Mis cuarenta y cuatros años
Florecen en el último verso
De un poema encadenado.
(de Wakiy)
El dueño de las flores del cerezo
Se vuelve abono
Para los árboles.
(de Utsu)
Sesenta y seis.
Zarpo en aguas tranquilas,
Viento por entre los lotos.
(de Usei)
Cuchillo,
Llévame a donde
Se dirigen las nubes.
(de Uko)
Suena una melodía:
Así empieza mi debut
En el más allá.
(de Tomoemon)
Mi vida ha sido
Una locura hasta
Esta noche iluminada por la luna.
(de Toguken)
Ni el rocío destilado
De mil hierbas
Puede curar este mal.
(de Tojun)
Cuando sopla el viento de otoño
Ni una sola hoja
Permanece igual.
(de Togyu)
Deseo que este cuerpo
Sea rocío en tu campo
Florido.
(de Tembo)
La luna asoma
Por las mangas de nube
Y esparce sombras.
(de Tanko)
Así obra el mundo:
En otoño el sauce
Pierde las hojas.
(de Tanehiko)
De camino al Oeste,
Las tempranas hojas del cerezo
Me permiten orientarme.
(de Soloku)
La caída de las hojas
Ha dejado un poco de otoño
En las ramas más bajas.
(de Shozan)
De buen grado
Me consumo
En la ola de calor.
(de Shizan)
En lo profundo de la maleza
Una brisa fría
Barre el sendero.
(de Sempo)
Las cosas no están quietas
Ni siquiera un momento.
Contemplad el color de los árboles.
Venas de agua
Sombrean los arrozales con distintos
Matices de verde.
(de Seiju)
En este mundo ilusorio
He visto a la luna
Dos años de más.
(de Saikaiku)
Acerco
Mi almohada
A la luna llena.
(de Saiba)
Los adornos de Año Nuevo
Se ven borrosos.
En el camino hay nieve.
(de Ryu’n)